Queremos perros resilientes, pero no dejamos que aprendan a serlo

Cada semana me encuentro con la misma escena, una persona con el corazón en la mano que quiere hacer las cosas bien con su perro, quiere protegerle, cuidarle y ayudarle, pero sin querer, bloquean el aprendizaje del perro. «Queremos perros resilientes, pero no dejamos que aprendan a serlo» nace de la incoherencia de esta situación y arroja un haz de pensamiento para mirarlo desde otro prisma.

 

¿Qué queremos de los perros?

En general, queremos perros capaces de gestionar situaciones,
queremos que aprendan a transitar un malestar,
saber autocontrolarse,
saber comunicarse bien,
adaptarse,
no tener miedo,
que no nos causen problemas…

Queremos perros resilientes, capaces, felices.
Pero no queremos que pasen por ninguna incomodidad.
Ni que nos la generen a nosotros.
«Queremos el resultado de un proceso sin transitar el proceso»

Y ese proceso —el del aprendizaje intrínseco— implica incomodidad, frustración y error.
Implica que el perro no siempre estará gestionando todo bien, porque aprender también significa tocar bordes, equivocarse y probar mil cosas.

Y ahí aparece la contradicción.
La de quererles libres y felices pero dentro de una burbuja de cristal, muchas veces para evitar los «por si acasos».

Por miedo, por desconocimiento o por no saber qué hacer, impedimos que los perros experimenten situaciones que podrían hacerles crecer.

  • Quitarles comida de la boca «por sí acaso» evitando la oportunidad de experimentar, de seleccionar, de ELEGIR no agarrar algo en el futuro.

  • Forzar a compartir objetos, cuenco, bebedero con otros perros, evitando la oportunidad de usar un objeto para comunicar algo sin llegar a escalar.

  • Regañar cuando gruñen o ladran, cuando en realidad tienen una intención en esa comunicación, si les quitas las vocalizaciones lo harán de otra manera más inesperada, incluso.

  • Acercarles al perro que les asusta, o que les ladra para que vean que no pasa nada (no hagas esto). Para ti puede que no pase nada, pero para ellos sí pasa.

  • Decidir y forzar pasar por un sitio que no quieren, quien dice sitio, dice por al lado de un perro que les preocupa, evitando la oportunidad de ingeniar algo para resolver.

  • Obligarles a afrontar lo que les da miedo, cuando ni tú ni yo lo hacemos con nuestros miedos.

  • Afrontar una situación tensa cuando tienen iniciativa de hacerlo, aunque todavía no sepan cómo; no todos los perros quieren evitar, algunos quieren resolver.

  • Decidir y actuar por ellos, sin dejarles tomar decisiones, sin dejarles pensar.

  • Etc
    •  

Dejar que transiten una determinada situación puede ser muy enriquecedor si se hace con conocimiento. No se trata de soltar la correa y que se apañe, se trata de acompañar, que no evitar ni limitar. Los perros no nacen enseñados, tienen un proceso de aprendizaje y desarrollo igual que todas las especies vivas de este planeta.

Y hay un gran, pero un gran PERO: muchas veces los perros no aprenden lo que nosotros queremos que aprendan, sino lo que les es útil, vaya en línea con su personalidad y le haga sentir bien. Tienen su proceso, su forma de integrar la información, su forma de ver el mundo y esas conductas que tanto quieres que aprendan… hay que flexibilizarlas para alinearlas con quién es el perro.

Si no dejamos a los perros pensar, tomar decisiones, tener iniciativa para resolver, proponerles otro tipo de soluciones si es necesario, sin margen a aprender o equivocarse…
El resultado es un perro que no aprende, que no tiene oportunidades para desarrollar recursos.

Porque hace falta probar,
equivocarse,
gestionar mal y volver a intentarlo,
sentirse incómodo,
pedir ayuda o
brindarles ayuda y guía.

Y sí, es salir de nuestra zona de confort, y no nos gusta.
Pero siempre hay un margen.

Todo esto no es para culparte.
Es para que veas que hay otro camino.
Uno en el que tú también aprendes, te equivocas y acompañas desde otro lugar.

 

¿Qué podemos hacer para favorecer este desarrollo?

Aunque ya puedes intuirlo por lo que has leído hasta ahora, voy a dejártelo punto por punto. Pero esto es solo un blog, solo son unas palabras que, aunque lleven años de experiencia detrás, te adelanto que no existe una receta de paso a paso. Pero sí un enfoque. Y si te ha echo reflexionar, ya hemos ganado: tú, tu perro y yo.

  • Permítele equivocarse… sin dejarle solo
    Deja que coja ese objeto con la boca y experimente; deja que se meta en fregados, aunque luego le tengas que ayuder a salir.

  • No tomes siempre la delantera: dale iniciativa
    Pregunta más, deja que tome decisiones más a menudo.

  • Atiende su comunicación y respétala
    Aprende de comunicación canina y entiende lo que pasa, será más fácil acompañarle.

  • Sostén lo que necesita, no lo que te da miedo a ti
    Separa tus miedos de sus necesidades y buscad acuerdos.

  • Ayúdale a integrar el aprendizaje de lo vivido
    Propicia el descanso, evita sobreexponerle o llenar su agenda de actividades y visitas al parque.

  • Celebra más su autonomía que su dependencia
    Un perro feliz es un perro libre, que se siente seguro para serlo.

 

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Significa que tu forma de ver la educación canina está creciendo.
Y eso es bueno.
Tu perro necesita que tú también aprendas, desaprendas y te equivoques.
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